Adicción a las redes sociales

Me despierto a las 5 para cuidar mi huerto en Facebook antes de ir a trabajar.

Esta frase llegó a lo más profundo de mi cerebro y tuve que interrumpir mi lectura durante unos segundos. Después de unos días de reflexión, he de decir que el artículo en cuestión me ha hecho reflexionar sobre mi relación con las redes sociales, con el correo electrónico, con el iPhone, etc. De hecho, escribir “relación” para describir el uso del teléfono móvil ya me parece revelador de lo que nos está pasando a muchos.

Sin llegar a los extremos de la persona que relataba en primera persona su adicción a las redes sociales, creo que muchos nos estamos convirtiendo, en mayor o menor medida, en adictos y, en consecuencia, creo que el mayor problema lo tenemos en los jóvenes y adolescentes a quienes hay que educar en un uso responsable de la tecnología: desde hacerles conscientes de los peligros para que sean celosos de su privacidad, hasta lograr que dediquen un espacio de tiempo saludable, que les permita realizar otras actividades.  Nada más y nada menos que un reto apasionante. ¿Lo conseguiremos?

Una respuesta a “Adicción a las redes sociales”

  1. Sin embargo, creo que para los que nos hemos “cultivado” en la generación de la calle, la escuela, las enciclopedias, máquinas de escribir y demás, no sería correcto llamarlo sino <>. A mí me ha pasado como un sucedáneo de adicción, hace años, con un juego de batallitas y algún otro de cafeterías de servir pasteles y no sé qué más. Ha sido sólo tiempo robado a la lectura. Son esas horas de insomnio, de espera o de incertidumbre que casi todos los seres humanos tenemos en nuestras vidas. Es normal que nos llamen la atención los efectos visuales, los sonidos y las personas que nos escriben desde lugares del Planeta a los que tal vez jamás nunca llegaremos, quién sabe. Es normal que un adulto con cierto nivel de cultura se sienta atraído, por ejemplo, por este mismo texto y lo responda, al no estar de acuerdo con una teoría psicológica muy exagerada que sugería acudir a un especialista para curarse de “un mal” (adicción al Facebook o a otras redes) cuando que la propia voluntad o el aburrimiento nos hacen regresar a los hábitos de siempre porque sí. En lo que sí estoy de acuerdo es en que algunas personas puedan reaccionar de formas inesperadas, tal y como usted indica. Me preocupan esos jóvenes que viven pegados a las máquinas desde que despiertan porque dejarán de disfrutar de otras cosas -no por el hecho de dejarse encandilar por ellas-.
    Lo conseguiremos, sin duda, si el Pensamiento, la lucidez y la Cultura no se dejan vencer jamás por la ignorancia y la mediocridad que es la que verdaderamente se ha incrustado como una lapa en la nueva sociedad española y europea de principios del Siglo XXI. Digamos sí a todo tipo de desarrollo cultural vía Internet y no a la vulgaridad y a la desinformación masiva. Gracias.

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