Hiperplanificación y los roles de profesores y alumnos

Imagen de Irnerio, considerado el fundador de la Universidad de Bolonia
Irnerio, considerado el fundador de la Universidad de Bolonia, la primera en Europa.

Uno de los mantras más repetidos sobre la enseñanza online es el que tiene que ver con los nuevos roles de profesor y alumno. Ya saben: el alumno es el responsable de gestionar activamente su aprendizaje, el profesor pasa a ser un facilitador y un largo etcétera de lugares comunes.

Mi experiencia, hasta la fecha, es desalentadora: me dijo un buen amigo hace tiempo que las cosas no se mueven si no las empujas, y tenía tanta razón que recuerdo su frase a menudo.  En mi opinión, el problema consiste, básicamente, en que tenemos metido en lo más profundo de nuestro cerebro, me atrevería a decir que ya casi está escrito en nuestros genes, el modelo magistral presencial desde nuestra más tierna infancia. Siempre hay alguien (el profesor) que lleva la iniciativa y que marca de manera profunda todos los aspectos docentes.

Mi caso concreto: todos mis estudiantes de una asignatura de Máster Universitario sobre metodología de enseñanza online repiten hasta la saciedad lo que han leído en la bibliografía. Comienza la asignatura, planteo un par de debates sobre temas generales y pasan los días… Al cabo de un par de semanas, les pregunto en el foro “¿Qué le falta a esta asignatura?” y nadie sabe qué responder. Y contesto yo: faltan ellos, sus intereses,… su cambio de rol.

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Ikasnabar 2014

Logo Ikasnabar 2014

Del 24 al 26 de junio de 2014 tendrá lugar en Bilbao la VII edición de Ikasnabar, el Congreso Internacional sobre Educación Abierta y Tecnología,  que tratará temas como los microcontenidos, los miniMOOC o el m-learning.

Hasta el 15 de mayo está abierto el plazo para presentar comunicaciones para las sesiones paralelas y tanto las normas para la presentación de trabajos como el programa ya está disponible en la página Web de Ikasnabar.

Dirigido por el profesor Gorka Palazio, será, sin duda, una buena oportunidad para tomar el pulso a algunos de los temas de más actualidad en el mundo de la educación mediada por tecnología.

Ser o no ser… (en Google)

Computer charger trip wire, 2011 by Justin Kemp

En algunas de mis asignaturas de postgrado, después de plantear algunas prácticas de búsqueda de información, propongo a los alumnos debatir sobre por qué usan Google y, lo que es más importante, les invito a analizar las respuestas que han dado a las preguntas: consultar si podemos considerar fiable o no una fuente, contrastar siempre la información, etc.

No deja de resultarme curioso que la inmensa mayoría de ellos -adultos que, al menos, tienen una licenciatura universitaria a sus espaldas- se limite a dar razones simples y a no pensar mucho en ello, llegando a afirmar rotundamente que lo encontrado con Google es una verdad absoluta.

Pongo un ejemplo: les pido que busquen la película favorita de George W. Bush y, como es natural, dado lo controvertido del personaje en cuestión, las informaciones que se pueden encontrar son de lo más variopintas, desde Austin Powers hasta Black Hawk Down. Leer más

Por qué no tengo Twitter

Twitter nunca me ha parecido muy útil. Intuí rápidamente las posibilidades de los blogs, de las wikis, de las redes sociales y de otros inventos 2.0, pero siempre me sentí algo perdido con Twitter y no acababa de ver la utilidad de múltiples mensajes de escaso valor que eran retuiteados hasta la saciedad por los que, quizás, no tenían nada mejor que decir.

Hicimos algunos voluntariosos experimientos con esta (supuesta) red social y los resultados no fueron malos: alumnos motivados que mejoraron su expresión escrita. Después de un análisis más reposado, creo que fue más por la novedad y por el caso que les hicimos en una universidad tan tecnológica pero tan masificada que no permite muchas alegrías en forma de innovación docente de este tipo: en la UNED llevamos con MOCC -cambio open por closed– muchos años, pues no pocos equipos docentes han de gestionar más de 5.000 estudiantes.

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La piratería y el Síndrome de Diógenes

Imagen de Diógenes de Sinope
Diógenes de Sinope

Estoy debatiendo con mis alumnos de Máster sobre el tema de la propiedad intelectual. En general, creo que resultan ser una buena muestra de la sociedad, pues las posturas están muy polarizadas según seas autor o consumidor. No quiero dejar pasar la oportunidad para poner sobre la mesa algunas de las reflexiones suscitadas al calor de este debate.

Para empezar, tenemos que dejar de hablar de piratería o, al menos, con la connotación delictiva que habitualmente acompaña al término. En España, las múltiples sentencias que ha habido al respecto son claras al respecto, descartando que el hecho de descargar contenidos protegidos por copyright sea delito. Creo que sería más correcto hablar  de un uso poco ético -estoy abierto a buscar otros calificativos-, pero, en ningún caso, delito. En consecuencia, dejemos de utilizar la palabra piratería.

Hace no mucho tiempo ahorrábamos para comprar aquel libro o disco (léase casette o vinilo) de culto y no consumíamos nada más porque no podíamos comprarlo: nuestros hábitos culturales estaban claramente restringidos por la economía. Internet ha cambiado radicalmente los modelos de consumo, pero las industrias se resisten a cambiar sus modelos de negocio. Pertenezco a una generación que comenzó a ver la tele en blanco y negro, una tele en la que sólo había un canal y la llegada del segundo canal al rincón de la Castilla profunda al que pertenezco supuso una revolución -recuerdo que no se hablaba de otra cosa en los corrillos-. Sigo consumiendo televisión sentado un día y una hora concretos delante del aparato… Pero, afortunadamente, tenemos ahora muchas más opciones y cada vez más gente consume, como es natural, los contenidos cuando, donde y como quiere.

El supuesto perjuicio a los autores se basa en el concepto de lucro cesante: suponiendo que todos los que han descargado su obra la hubieran comprado, estaríamos hablando del dinero que un autor podría haber ganado pero que no ha llegado a su cuenta corriente. Se parte de un supuesto incorrecto: creo que, en el mejor de los casos, sólo un porcentaje mínimo de los que se bajan un contenido hubieran pagado por él si no hubieran tenido otra forma de adquirirlo. Internet nos permite picotear cosas que no podíamos ni imaginarnos, de manera que probamos lo que tenemos al alcance de un click y ampliamos nuestro consumo cultural. De hecho, los estudios, incluso los hechos por la Comisión Europea, poco sospechosa de estar a favor de las descargas, demuestran que, en general, los que consumen más música de manera ilegal -para entendernos- consumen más música de manera legal, concluyendo que las descargas son más una oportunidad que una amenaza para la industria musical.

Por último, creo que todos conocemos personas que descargan compulsivamente cosas que luego no consumen. Es un hecho objetivo: sólo el 5% de la información almacenada es analizada. ¿Hay lucro cesante aquí? Se trata de una versión digital del conocido Síndrome de Diógenes. Tenemos tal sobreabundancia de información que almacenamos artículos, presentaciones, tesis doctorales y un largo etcétera de cosas que nunca llegamos a leer por falta de tiempo.

Asunto complejo, pues, el de las descargas, que, en mi opinión, sólo tiene un remedio posible: modelos de negocio que hagan viables las vías ortodoxas (me resisto a utilizar “legales”). Creo que nadie está dispuesto a renunciar al modelo de consumo que permite Internet y dejar probar muchas para cosas para recuperar al Diógenes de Sinope original