Libros o apuntes

Leía, hace no mucho tiempo, en El Mundo creo recordar, que varios centros de Madrid habían eliminado los libros de texto para volver a los clásicos apuntes. Lamentablemente, creo yo, lo que habían hecho los profesores era volver a los apuntes escritos a mano, con el objetivo de potenciar la ortografía y la caligrafía.

Todos los que hemos pasado por un aula sabemos que si alguna actividad va en contra de ambas disciplinas es, precisamente, tomar apuntes: se toman notas a toda prisa, intentando prestar más atención al contenido que a los aspectos formales pues, a fin de cuentas, son documentos de uso personal o en el mejor de los casos se dejan consultar o copiar a los amigos.

Mi pregunta es ¿por qué se ve incompatible tomar apuntes con el uso de nuevas tecnologías? Creo que algunas aplicaciones para tabletas son particularmente apropiadas para esta tarea, pues permiten escritura o dibujo a mano, texto mecanografiado, texto procedente de otras fuentes, incorporación de imágenes u otros elementos multimedia de la red, etc. Y en todas ellas se puede corregir la ortografía de manera sencilla y los virtuosos podrán mostrar sus dotes caligráficas.

Me parece, en suma, nadar contracorriente e intentar poner puertas al campo. ¿Por qué se piensa siempre que la innovación tecnológica está en contra de las disciplinas digamos “clásicas”? A mí me parecen perfectamente compatibles.

Kindle en África

Fotografía niños usando Kindle en escuela africanaLeí en El País del 10 de junio el artículo “Kindles para niños africanos“, en el que se daba cuenta de un encomiable proyecto de la ONG Worldreader de hacer llegar material didáctico a los niños de los países del África subsahariana, puesto que los dispositivos van cargados previamente con todos los libros y lecturas necesarios. Sin entrar en detalles, aunque a mí personalmente la aventura me parece arriesgada y me apasiona a partes iguales, el post de hoy es motivado por la siguiente afirmación de Colin McElwee, una de las almas impulsoras de Worldreader (cito el artículo, supongo que fiel a lo expresado por él):

En su opinión, parte del éxito de la iniciativa reside en “el aspecto de libro” del propio aparato. Algo que “facilita que los profesores no se sientan desplazados en las aulas”, a diferencia de lo ocurrido con los sucesivos intentos de introducir un ordenador de bajo coste en países subdesarrollados. “Ante un ordenador, el profesor se siente desplazado, pero el libro lo identifican como una herramienta más de su trabajo, menos amenazante”.

Salvando las distancias y los contextos culturales y sociales, es una reflexión que nunca me había planteado (supongo que es porque no me siento amenazado en absoluto por las máquinas), aunque, en mi opinión, plantea puntos de vista interesantes sobre vías alternativas para profesores tecnófobos: comencemos por integrar en sus aulas lo “menos amenazador” y vayamos avanzando paulatinamente, mientras se van sintiendo cada vez más cómodos, con sistemas cada vez más complejos.

Arcaísmo o por qué Javier Marías viaja en avión

Fotografía máquina escribir antiguaEl 10 de julio de 2011, en el suplemento dominical en el que escribe, Javier Marías publicaba ‘Olympia Carrera de Luxe’, un alegato romántico en el que justificaba, en mi opinión con peregrinos argumentos, por qué todavía seguía escribiendo sus novelas a máquina.

Independientemente de que Marías, y añado que ya me gustaría a mí tener la décima parte de sus habilidades literarias, es totalmente libre, como cualquiera, faltaría más, de escribir utilizando los instrumentos que le apetezcan, creo que su actitud de rechazo hacia los ordenadores  proyecta y refleja una imagen negativa hacia la tecnología, que todavía es muy común en muchos docentes que conozco. Cito:

Pero, qué quieren, me gusta escribir sobre papel. Sacar luego la hoja y corregirla a mano, con tachaduras, flechas y cambios, y volverla a teclear, una y otra vez. Pierdo mucho tiempo, me dicen, pero yo no escribo para ganarlo ni ahorrármelo, sino para aprovecharlo y sentirlo pasar, o incluso para eso, para perderlo, y pensar mejor. Y cada vez que tecleo de nuevo la página la voy asumiendo, aprobando, le voy dando el visto bueno y me voy acostumbrando a ella. Porque a todo tiene uno que acostumbrarse, hasta a lo que sale de su imaginación.

La pregunta es: ¿por qué viaja en avión? O en coche, o tren o… ¿Por qué no a caballo o en bicicleta o caminando? Los argumentos de disfrute, de sentir pasar el tiempo, de “perderlo y pensar mejor” son extrapolables. Y si me apuran, o me apuráis, vamos a tratarnos con cercanía si me permiten, incluso en el peor de los casos casi la misma ridícula ineficiencia se puede llevar a cabo con un ordenador: escribo la página, la imprimo, corrijo a mano, dibujo flechas, etc. pero luego hago los cambios que necesito (incluso sin cortar o pegar) y no tengo que volver a escribir todo.

El mío quizás sea romanticismo 2.0, pero sigo sin entender: ¿por qué Javier Marías tiene blog, Web, Twitter…?

Y, yendo al grano, ¿por qué los profesores que reniegan de los ordenadores, como si se tratara de artefactos diabólicos e inservibles, son capaces de usar un teléfono móvil, un cajero automático o conducen un coche? Sinceramente, las excusas se acaban.